En medio del ruido constante, el silencio de Dios no es vacío… es gestación, amor puro que se hace carne y nos mira con ojos que llevan nuestro nombre grabado.
Levanta la vista del móvil, apaga el ruido y deja que Cristo te mire. Su silencio fecundo transforma nuestra vulnerabilidad en encuentro real.
Lee el artículo completo publicado en Exaudi el 09 de marzo de 2026 aquí:
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