La corrupción que hoy nos indigna no nace en los sistemas. Nace en personas que dejaron de hacerse preguntas incómodas.
Cuando se prefiere el parecer al ser;
cuando la imagen protege más que la verdad;
cuando la fantasía se convierte en refugio
y termina siendo fuga.
Sin lenguaje interior,
sin silencio,
sin el pudor que protege la intimidad,
el corazón se confunde.
La superficialidad no hiere.
Seda.
Sedación silenciosa.
Os daré un corazón nuevo; «arrancaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne» (Ez 36,26).
Aquí puedes leer el artículo publicado en Exaudi el 09 de febrero de 2026:
Compartir este artículo: