La felicidad es un proceso compartido y una responsabilidad personal.Ser feliz requiere aceptar y aceptarme, con mis luces y mis sombras. Requiere, también, pulir las propias imperfecciones con delicadeza para que mis propias aristas no lastimen. Es necesario dejarse transformar por el amor, tener la fortaleza que la esperanza ilumina al visualizar mi mejor yo, para profundizar en mi autoconocimiento. La felicidad es una tarea diaria que implica aprender a vivir en armonía con uno mismo y con los demás. La gratitud y la generosidad son dos virtudes que facilitan el camino. Somos alguien para alguien y la soledad no deseada congela el alma. No olvidemos que la felicidad es de «cocción lenta»