Hay fragilidades que no se ven, pero tienen densidad de plomo. No se exhiben en redes ni se confiesan en los brindis. No entran en conversaciones rápidas que surfean la relación. Apenas nos atrevemos a susurrarlas en la penumbra del examen de conciencia.
Abrazar nuestra fragilidad no nos hace más débiles: nos hace más humanos, más reales, más capaces de amar y ser amados .
“No somos valiosos a pesar de ser frágiles… somos valiosos PORQUE somos frágiles».
Donde hay sombra, hay luz. Sin luz no hay sombra.
Una reflexión profunda que ilumina el alma. Léela aquí:
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