No todos los goles suben al marcador.
A veces basta un paso fuera de lugar para que desaparezca una jugada impecable. No ha faltado talento. No ha faltado esfuerzo. Ha faltado contexto.
Quizá en la vida también perdemos más por olvidar el sentido que por carecer de capacidad. Porque el problema no es correr más, sino saber hacia dónde.
El problema no es quedarse en fuera de juego. El verdadero problema es olvidar para qué jugábamos.
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